Una naríz aventurera

nariz“Era un reloj de sol mal encarado” A una naríz, Francisco de Quevedo.

Este es el relato de las peripecias acaecidas en mi muy reciente operación de tabique nasal. Como conté en algún relato anterior, de niño sufrí una tremenda caída que me fracturó el tabique nasal, lo que me ha impedido respirar bien durante casi toda mi vida. Ahora que todo parece ir un poco mejor en cuanto a salud se refiere, decidí que había llegado el momento de operarme para mejorar mi calidad de vida, pues una buena oxigenación sin duda ayuda a mi corazón.

Las cosas no podían ser fáciles esta vez. Por suerte los problemas no han sido de salud, pero hasta pasada la intervención, las aventuras sanitarias son dignas de ser contadas.

I

Hace más de un año que pedí la cita. La Dra. Otrorrinoloquesigue quería toda clase de pruebas, porque, al menos ahora que ya saben lo que es Marfan, de achacarme a mi nervios o ansiedad han pasado ellos a entrar en pánico.

En enero ya tenía las pruebas. La Dra. Ya se había jubilado (por suerte para los dos) y mi nuevo Otrorrino, al que todavía tengo en observación, parece una persona normal, así que con él no hubo problema. Firmamos la operación y me llaman para pasar consulta con la anestesióloga. Mi primera aventura es con ella. De la vieja, escuela parecía aceptar a regañadientes que le indicase cosas tan sencillas y que había pasado por alto como que, dada mi patología cardíaca, deberían contemplar profilaxis o protocolo de endocarditis en mi intervención como se recomienda. Salí de allí no obstante con una duda. Me intervendrían en cirugía ambulatoria, es decir, me operan y el mismo día me mandan para casa.

Bueno, me dije, supongo que no será una intervención de tanto riesgo esto de operarse la naríz. Mucha sangre, sí, pero por lo demás… visito a mi médico de cabecera, a la que expongo mi duda y se encoge de hombros. Así que llega el día de la intervención.

Me visten de preso y me meten en una cama. 8.30 de la mañana. Soy el primero de la lista. Me plantan la vía, el gotero, mi querido protocolo de endocarditis, y empieza a pasar gente a quirófano delante mía. Las 14:00 estoy el último. El anestesista de la operación y todo el séquito de quirófano alrededor de mi cama. El jefe de quirófano mira mi expediente en silencio y me lo planta encima del pecho como si fuese yo una mesa escritorio. Le miro con cariño mal disimulado.

“Estamos viendo su informe médico y pensamos que su operación es de riesgo” Le vamos a derivar a otra unidad donde le intervendrán y podrán tenerle vigilado tras la operación por si ocurre algo.

“Qué metedura de pata” -me salió del alma. Ellos se excusan como pueden y niegan el error, pero me ven con argumentos y reconocen que sí, que esto se podía haber decidido antes. Me quitan el gotero, pido mi informe y para casa. A esperar la llamada para mi nueva cita.

Paso a ver a mi médico de cabecera para que me recete el Clexane que me han pautado para sustituir temporalmente al Adiro 100 (cosa esta que me parece excesiva, más cuando va a haber tanto sangrado, pero en fin) Le cuento a mi Dra. Lo ocurrido y me dice, literalmente “es que es una operación de riesgo”. Me la quedo mirando como el que no da crédito a lo que escucha (bueno, justo eso ocurría) ¿me pregunto para mi por qué eso no me lo advirtió ella antes de la operación?

II

Es viernes. Hace dos viernes ya. Luego las cosas no han ido tan mal, porque aquí sigo. Pero no te lo pierdas.

Vuelvo a empezar a responder preguntas que estan en mis informes, explico lo del protocolo de endocarditis, por si acaso. Me meten en una cama, me plantan la vía, y a media mañana llega el camillero. “Nos vamos” -dice. Y yo miro a mi brazo pidiendo mi dosis de antibióticos. El hombre llama a la enfermera quien asegura que se ha olvidado del protocolo… pero que ya me lo pone. Entre tanto aparece por allá el Dr. que me dio el alta en cirugía ambulatoria. Viene de paisano, con la bata de médico, no con el equipo de quirófano. Eso me tranquiliza. Quiere charla pero yo no estoy como para hacer amigos en ese momento, así que le miro con cariño mal disimulado, como la otra vez, y capta la indirecta.

Ahora estamos a las puertas del quirófano. Madre y hermana me han seguido hasta aquí y se han quedado fuera. Han ido a tomar un café. Se acerca mi anestesista, el que me toca esta vez. Mira mis informes y empieza a correrle el sudor frío. Me mira, lo miro, creo que es amor del bueno, de esos amores que no se olvidan en la vida. “hoy me juego mi carrera” leo telepáticamente sus pensamientos (es un don adquirido por largos años). Ya ha visto la palabra Marfan subrayada en rojo en el informe.

Empieza a preguntarme y a cada respuesta que le doy se le aprietan más las nalgas. Responde con monosílabos a mis comentarios. A la tercera explicación que le doy decide informar a mi familia de que me van a pasar a UCI después de la operación por si acaso. Le digo que ojito con mi garganta que ya me han tocado varias veces las cuerdas vocales y se despide hasta luego. Creo que ha ido a llorar a algún rincón.

Sale a avisar a mis familiares y a la pobre de mi madre la asusta tanto que se le revuelve el café que acaba de tomarse.

Ya en la mesa de cirugía no deja de repetir ante mis indicaciones, “usted no se preocupe”, “usted no se preocupe”. -”Miré si no me preocupo yo…”. Silencio… empieza la anestesia.

III

Camino de UCI, todo ha ido bien. Adormilado veo que me plantan otra vía. Pregunto la causa. No me responden. Cuando ya estoy algo más despierto recibo la visita familiar. La enfermera, sensiblemente molesta porque le pido y le doy explicaciones me indica literalmente “que no le explique su trabajo”.

Miro a mi familia y nos reímos. No sabe con quien ha dado esta pobre mujer, pero la verdad, es que se trata de una falta de profesionalidad notoria. Me llama Gloria por teléfono. y le cuento que eso del e-paciente aquí aún no se conoce.

Mi familia, que viene muy sonriente, me dice que lo que han podido reir. Me quedo algo preocupado. ¿será mi naríz? Pero no. Se trata del anestesista.

Al terminar la intervención, salió a la sala de espera a dar la noticia. Se plantó en medio del pasillo, levantó los brazos y señalando hacía sí mismo dijo “¡Sin entubación!” “no es porque sea yo” -aseguró, pero lo he hecho de fábula. -A esta gente o se la quiere o se la odia. No hay término medio. Creerás que exagero, pero te doy mi palabra de que así me lo contó mi familia, y ellos no son dados a las exageraciones.

La tarde en UCI transcurre tranquila. Me vienen a sacar una radiografía pero no me explican por qué. Protocolo me dicen. No me agrada nada estar bajo radiación. Ya pasé por una operación de tiroides, pero esto no parece que les importe y proceden. Yo que no tengo el cuerpo para muchas batallas aún, cedo.

A partir de ahí todo va bien. Subo a planta, me visita el médico al día siguiente y para casa.

Epílogo

He contado mi historia por varias razones. Me ha venido bien contarlo. Siempre hace bien contar estas cosas, pero principalmente quería que viéseis que aunque pongáis todos los medios y estéis bien informados, en las intervenciones de aparentemente menor riesgo hay que tener mucho cuidado, pues uno pasa por muchas manos y nunca sabe dónde va a dar a parar. Con algo de buen humor y sobre todo siendo vigilantes la cosa mejora, y podéis llevar a casa bonitas anécdotas que contar a vuestras amistades.

Hasta la próxima semana.

P.S. Gracias al grupo de amigos marfantásticos por el apoyo!

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2 respuestas a Una naríz aventurera

  1. Marìa Julia dijo:

    ¡A L E L U Y A !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

  2. Maitetxu dijo:

    Madre mia Javi, lo que me he llegado a reír con tu relato, jejejejejejejejjjejej, que bien escribes chico!!! De verdad que leyéndote le dan ganas a una de operarse de algo, oye!!! jejejejejej, me ha encantado lo de tu nuevo otorrino, “al que todavía tengo en observación”, jejejej. Lo dicho, q los males con pan son menos, o eran los duelos??? Un besazoooo!!

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