Madurez y Salud

Nuestra amiga Karleana Semprún, psicóloga y psicopedagoga, tiene un blog que  dedica a compartir sus experiencias en el área de Madurez Escolar.  El día de hoy ha publicado una entrada en la que nos cuenta su experiencia clínica con un niño con Síndrome de Tourette. En varias ocasiones algunos de ustedes han compartido conmigo sus vivencias dolorosas por las dificultades que día a día sus hijos enfrentan en el colegio, es por ello que a pesar de las diferencias entre Marfan y Tourette, les compartimos hoy el artículo de Karleana sobre el manejo escolar de un niño con una enfermedad poco frecuente: Experiecias que marcan.

Hablando de salud infantil en Madurez Escolar, afirmo que el desconocimiento de ciertas enfermedades, su pronóstico y curso, hacen mas o menos difícil el rendimiento académico del niño y por ende su éxito, puesto que se les exige  responder satisfactoriamente, a unas competencias, que se verán limitadas por su enfermedad y si no se flexibiliza el currículum educativo, propio del grado, se puede estar empujando al niño a la frustración y en el peor de los casos, a la deserción escolar.

Una de estas enfermedades, padecida por uno de mis pacienticos, (7 años, para entonces) es la conocida como Síndrome de Tourette, caracterizado por movimientos repetitivos, estereotipados y tics vocálicos involuntarios, cuya prevalencia es de 5-15 por 10.000, mas frecuente en varones, en una proporción de 4-1.

Su diagnóstico ocurrió luego del tránsito penoso e infructífero, de varios médicos, entre pediatras y neuro-pediatras, psicólogos, psicopedagogos y sus maestros, haciendo de este caminar, un verdadero desafío de resiliencia para los padres y de tolerancia para el niño, al pasar de un profesional a otro, hasta llegar con quién identificó y dio nombre a su padecer.

Con él en mi consulta aprendí que es una enfermedad crónica, más no degenerativa, los síntomas pueden atenuarse con la edad, sus expectativas de vida son normales y que no afecta la inteligencia. En los niños, se pueden presentar problemas de aprendizaje, que deben diferenciarse de su dificultad para escribir o para leer con fluidez. Igualmente, aunque puede haber déficit de atención, es de mucho cuidado considerar la hiperactividad y no confundirla con sus tics motores, no se puede olvidar que son involuntarios; también pueden desarrollar obsesiones – compulsiones que interfieren notablemente en su interacción social, recuerdo con tristeza que me decía “los amiguitos me tienen miedo… creen que les voy a golpear…”, desarrollando así, depresión, ataques de pánico y fluctuaciones de su estado anímico…

La intervención la estructuré en función de ayudarle, a adaptarse al medio y a manejar las dificultades socio-emocionales, capacitándolo para concientizar su problema y modificar el comportamiento, sin dejarse dominar por los tabúes sociales y el desconocimiento de quienes le rodean. Para los papás, educar en el compromiso, que el tratamiento, farmacológico y psicoeducativo, depende más ellos que del niño. A la escuela corresponde, atender sus capacidades desde sus potencialidades, aunque estén limitadas por una enfermedad “rara”.

Actualización28-10-2012: Para docentes recomendamos también la lectura de la entrada en el blog de la misma autora titulada Además…

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Una respuesta a Madurez y Salud

  1. Pingback: Terapias infantiles en enfermedades poco frecuentes | Mundo Marfan Latino

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