Desempleo, discapacidad y subvenciones

Escena de Tiempos modernos, 1936.

Hoy quiero hablaros de las “ventajas” de las subvenciones y también de la picaresca en torno a ellas. Es un caso que presenta muchas similitudes con la politica y los sindicatos, por poner sólo dos ejemplos.

El desempleo es uno de los problemas sociales más importantes para los discapacitados con capacidad para de trabajar. Le afecta en mayor proporción que el resto de la sociedad. Para atajar el problema en España, que es el caso que yo conozco, las asociaciones que trabajan en pro de los discapacitados tienen opción a presentar proyectos subvencionables a entidades públicas y privadas para conseguir la colocación laboral de nuestro colectivo.

Generalmente estos proyectos se basan en bolsas de empleo de media-baja efectividad orientadas a presentar a los empresarios locales ofertas de trabajadores que se adaptan a un perfil específico.

La experiencia suele ser desalentadora en la mayoría de los casos para el discapacitado, bien porque asiste encadenadamente, a petición de los gestores de la bolsa de empleo, a reuniones en la entidad para hacer un seguimiento, donde se le exige firmar como que se ha hecho algo por ellos a fin de cobrar la correspondiente subvención demostrando productividad, o bien porque el empresario, una vez en el lugar de trabajo, modifica las condiciones iniciales de contratación a sabiendas de la dificultad que tiene el empleado de encontrar otro empleo.

Hay que decir que, estadísticamente, no siempre es así, pero mi experiencia personal hasta el momento no me lo ha demostrado, aunque conozco algunas entidades que si están haciendo una gran labor. No citare tampoco nombres de estas para no descartar a las otras.

Estos empleadores no contratan discapacitados por un elevado sentido del altruismo. Ellos reciben subvenciones a la contratación indefinida de entre 5.000 y 9.000 euros con la única obligación de realizar una actividad integradora y mantener el contrato por 2 años. También están exentos del 100% del pago de seguridad social y seguros de accidente. Con estas prevendas no es difícil entender la proliferación de anuncios de empleo para contratos fijos a discapacitados con un grado superior a 33% que se ven en los servicios de colocación, y por estas cosas tampoco es difícil entender porque los servicios de calificación de la discapacidad son cada vez más exigentes a la hora de otorgar la certificación.

Las empresas más atrevidas se lanzan a crear los conocidos como Centros especiales de empleo, donde la plantilla debe ser mayoritariamente discapacitada, y para los que, además de las ventajas anteriormente citadas, a estas se les subvenciona con el 50% del sueldo a pagar al trabajador incluidas las pagas extras.

El problema de todo esto obviamente no es el dinero que se invierte en estos recursos que, bien aprovechados, serían una solución adecuada al desempleo. El problema es la picaresca en torno a ello, cómo los intermediarios se financian a costa de las necesidades de los discapacitados y cómo los empleadores abusan de su mano de obra barata exigiendo productividad a la vez que roban a las instituciones públicas.

Pero quizá lo que personalmente veo como el mayor problema de todos es la falta de sensibilidad y capacitación de los empleadores. Cuando me he quejado de mi sueldo por no estar dado de alta en  una categoría profesional menor que la que me corresponde me han dicho literalmente que yo «cobro lo mismo que el resto de compañeros discapacitados» sin importar si mi trabajo es especializado o cualquier otra consideración. Este es sólo un ejemplo de la mentalidad general del empleador que dispensa un trato condescendiente, casi paternalista a sus empleados con discapacidad. Una suerte de esclavitud o trata de discapacitados subvencionada.

No entraré a hablar siquiera de los problemas que generan las visita al médico o las limitaciones físicas… Por desgracia no podemos contar con las entidades de colocación, ellas buscan beneficios, así que nos toca a nosotros, individualmente, exigir nuestros derechos.

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4 respuestas a Desempleo, discapacidad y subvenciones

  1. María Julia dijo:

    Sólo se me ocurre una idea, que es no esperar tanto de los que debieran incluirnos , sino pensar maneras de autofinanciamiento , tipo cooperativas de personas con capacidades diferentes. Hay entre todos una variedad de conocimientos como para poder formar grupos operativos. Tal vez suene disparatado, pero podría ser una opción. Sólo soy una docente que hace poco ha recibido su diploma de psicóloga social y en una clase que nos diera Alfredo Moffat hizo hincapié en este tipo de emprendimientos, CREAR LO QUE ESPERAMOS QUE OTROS NO HARÁN Utopias?????????

  2. badaman dijo:

    Sí María Julia, esa es una de las alternativas, el autoempleo, pero esto que expongo seguirá pasando si no damos un paso más en la integración social de la discapacidad. No todos tenemos/tienen madera de empresario.

  3. antonio dijo:

    OJO: no todas las empresas son tal y como se comenta. Evidentemente hay un problema: las subvenciones NO TIENEN en cuenta el grado ni tipo de discapacidad por tanto una persona con diabetes puede tener las mismas ayudas económicas que una persona en silla de ruedas… no perdamos el norte: AYUDAR EN POSITIVO… y si se detecta fraude: DENUNCIAR! no nos carguemos un sector que hasta ahora va funcionando.
    Por cierto, hace poco se ha creado un certificado europeo para identificar a las empresas socialmente responsables con la discapacidad: http://www.discert.org … todo es un principio….

  4. Ronald Peña dijo:

    En Argentina el tema es complicado para personas con discapacidad que poseen estudios universitarios, generalmente estamos sobre calificados en las bolsas de empleo de discapacidad del Estado. En mi caso que soy psicólogo la oferta profesional es mucha, teniendo que competir muy en desventaja en el mercado laboral.

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