El cóndor pasa

La pasada semana, en un excelente artículo de Gloria Pino, conocimos cómo afrontan las madres la natural etapa de abandonar el hogar familiar de sus hijos. El Marfan tiene implicaciones en este proceso que no es sólo cosa de las madres. Los/as hijos/as también pasan por un proceso especial cuando deciden dar el paso y salir de casa para hacer su vida, aunque lamentablemente, a edades tempranas, no son muy conscientes de la situación de sus progenitores respecto a su partida.

En algunas ocasiones en el blog hemos hablado de la sobreprotección de los familiares hacia los afectados, y este es un motivo poderoso para dar el salto al mundo exterior: las ansias de libertad. Es duro decirlo y más leerlo si uno es padre o madre o hermano mayor, pero es un hecho. No obstante, no hay datos para pensar que la edad de los que abandonan el hogar, salvo excepciones, es más temprana que la de otros jóvenes, sólo el motivo parece distinto.

Algunos adolescentes y jóvenes que han tenido una vida social algo “ajetreada” en la escuela o en su entorno de ocio, tienden a cultivar excesivamente su mundo interior como salida a situaciones incómodas en la vida real asociadas a la aceptación que les muestran sus amigos y compañeros, y esto es un inconveniente a la hora de madurar, porque interiorizando su actividad pierden valiosos puntos de referencia externos que de otra forma lo harían crecer y madurar. Cuando se les sobreproteje, se ahonda más en este problema.

Esta falta de madurez es una carga con la que el pájaro que abandona el nido no cuenta. La inmadurez y en algunos casos su egolatría pueden predisponerle a situaciones complicadas que no sabrá manejar adecuadamente.

Los años se ocupan de centrar ciertas actitudes, pero el tiempo a veces es determinante para una vida plena, y el tiempo no aprovechado es tiempo perdido. Por suerte, la búsqueda de la perfección, el torbellino de sensaciones, el afán por investigar y saber y las ganas de aventura hacen de contrapeso positivo y ayudan en el viaje.

Para las madres siempre hay esperanza. Más tarde que pronto, eso sí, verán como su esfuerzo y dedicación dieron fruto y como sus retoños, de una u otra forma, salen adelante. No hay como un/a afectado/a de Marfan para ejemplarizar la fuerza de voluntad (o la cabezonería), y tras cada caída viene siempre un ponerse en pie.

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Una respuesta a El cóndor pasa

  1. No deja de asombrarme la cantidad de experiencias comunes que podemos tener, más allá de la cultura y del género, esta esto de vivir con SM. Cuando dices “tienden a cultivar excesivamente su mundo interior como salida a situaciones incómodas en la vida real asociadas a la aceptación que les muestran sus amigos y compañeros” parece que estuvieras hablando de mi adolescencia, porque aún sin saber que tenía SM tenía plena conciencia de ser diferente. De cualquier modo, sobrevivir con cordura y aprenderse a manejar en el mundo a pesar de las diferencias, solo no hace mas fuertes. Gracias de nuevo Cortés.

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