Dante, el niño gigante

Hace unas semanas, una mamá con una hija afectada de Marfan exponía en un foro un problema muy común en los hijos adolescentes afectados: la aceptación de su cuerpo y las burlas de los compañeros por ser tan delgados y desgarbados a esa edad.

Entre la cantidad de respuestas solidarias se encontraba un cuento que otra mamá escribió a su hijo en una situación parecida. Me sorprendió cómo con un poco de imaginación, un acontecimiento desagradable, que puede marcar la vida de un chico o chica, puede ser superado sin más complicaciones con un recurso tan sencillo y al alcance de todos como una historia donde él es el protagonista.

El cuento está dedicado a Dante por su mamá Laura Rosales. En él eleva a su hijo a la categoría de héroe. Con sus palabras consigue subir su autoestima, capta su atención y le muestra a su hijo cuanto lo quiere su madre de una forma diferente, y resalta cómo valora sus capacidades, compensando el problema con los compañeros y reforzando su auto-aceptación.

Sin duda, tener la habilidad de escribir ayudó a esta mamá, pero pienso que es mucho más importante una disposición y estado de ánimo hacia los problemas que se le presenta a toda madre con hijos en la misma o parecida situación. Otra mamá puede encontrar otro recurso, una canción, ver una película, pintar, hacer un viaje, visitar una exposición…

La mamá que hizo la pregunta quedó complacida. Las respuestas realmente la ayudaron, y nosotros ahora os traemos este cuento no sólo como testimonio, sino como premio a esa mamá que supo encarar un problema y darle solución.

El cuento

«Dante, el niño gigante»
Por Laura Rosales

I

Cada vez que veo una lucecita intermitente en el cielo, me vuelven a la memoria un montón de recuerdos que, a pesar del tiempo transcurrido, aún hoy, me hacen reír  tanto pero tanto, que me duele la panza de las carcajadas.

Es que ¿Cómo no voy a reírme si…? ¡Y cómo corrió!… Y … y …

¡Ah, claro!… Vos no te reís porque no conocés la historia … y tampoco conocés a Dante. Bueno, porque sos vos, pero sólo porque sos vos te voy a contar.

Dante es un chico de unos ocho años más o menos, inquieto, charlatán, apuesto, gracioso y experto en videojuegos. Es flaquito como un espárrago y para su edad es un niño muy pero muuuuy alto, con unos brazos y piernas tan largos que si quisiera dibujarlos, seguro me quedaría sin tinta en la lapicera. Ni hablar de sus manos y sus dedos que merecen un capítulo aparte … En mi vida vi dedos taaaaan largos y finitos, como si fuesen grisines. Para serte sincera, Dante tiene el aspecto de un “chico grande”. Además, como le gusta tanto leer e investigar, sabe muchas cosas de chicos grandes.

Completando la imagen, Dante usa unos lindos anteojos que le dan un aire digamos … intelectual.

Pero bueno, para no hacerla larga, mejor te cuento lo que le ocurrió…

Un día como cualquier otro, cuando iba camino a la escuela, Dante vio en el cielo una lucecita intermitente que le llamó poderosamente la atención. Caminaba y no podía apartar la mirada de la luz, que parecía acercarse cada vez más y más, como si se dirigiese justo hacia él.

De repente, la luz comenzó a hacerse mas grande y más, y más hasta que un silbido aturdidor hizo que tuviese que taparse los oídos, y atónito pudo ver cómo la lucecita caía estrepitosamente al suelo  generando una terrible polvareda . Quieto, sin saber qué hacer, Dante esperó a que el humo se disipara y entonces descubrió que aquella extraña luz al caer había formado un pequeño cráter en la tierra y en medio de él, todavía echando humo había un objeto raro. Algo así como una piedra alargada y brillante, que no dudó en guardar en su bolsillo como recuerdo de aquella extraña situación. Pero lo extraño recién comenzaba.

II

Con la mano en el bolsillo, jugando con su piedra Dante pensó en lo bueno que sería no tener que ir a clases ése día. -La verdad que me vendría bien que se venga una tormenta para volverme a casa o que se corte la luz para que no podamos escribir. Hoy quisiera que algo interrumpa las clases y que la seño nos lleve a jugar a la plaza – Justo cuando terminaba de pensar en voz alta, un viento arremolinado envolvió a Dante y empezó a elevarlo del suelo sin que pudiera hacer nada para evitarlo. Patalear y gritar como loco fueron intentos vanos por zafar del violento tornado que se empeñaba en llevar al niño quién sabe dónde…

Cuando al fin se rindió y dejó de pelear contra  el viento, éste desapareció tan rápido como había llegado y lo dejó en el suelo de un lugar que ya conocía: era la plaza en la que hacía unos minutos había deseado estar.

Pero … ¿Quiénes eran esas criaturas amarillas que tenían prisioneros a sus amigos? ¿De dónde habían salido?¿Por qué habían atado a todos y hacían volar por el aire todos los útiles que tenían los chicos en sus mochilas? ¿Qué querían en realidad?

Dante, escondido detrás de un árbol, contemplaba confundido la escena. ¡Suerte que era flaco como un escarbadientes! Eso le permitía ocultarse muy bien detrás de árboles y columnas sin ser visto. Así, de columna en columna, de árbol en árbol fue acercándose de a poco a sus amigos y logró llamar la atención de Brandon que al verlo, se tranquilizó porque sabía que al menos uno de ellos estaba libre y podría ayudar a los demás. Dante comprendió que la situación era seria y que no podía permitir que lo vieran. Respiró hondo y, con mucho valor corrió a través de la plaza hasta un árbol muy grande que le serviría de refugio para idear un buen plan de rescate.

III

Después de observar atentamente la escena por un largo rato,  decidió que era hora de actuar.

Aquellas pequeñas criaturas amarillas de ojos saltones que no le llegaban ni a la rodilla de tan pequeñas, buscaban algo, eso era evidente… ¿Pero qué?  Les gustaban las mochilas. Se colgaban una y otra , se reían entre ellos y asentían con la cabeza contentos.

Dante pensó que podía aprovechar esto y corrió lejos de los chicos, hasta la otra punta de la plaza, trepó al juego más alto y colgó allí su mochila a la vista de todos. En dos saltos (gracias a sus largas piernas) estaba de nuevo en el suelo escondido detrás de unos arbustos.

Para llamar la atención de los extraños “bichos” chifló tan fuerte como nunca lo había hecho en su vida y entonces todos pusieron sus ojos en la mochila azul que colgaba tentadora.

Sin perder  tiempo todas las criaturas amarillas corrieron hacia allí dejando el campo libre para Dante que comenzó el peligroso rescate.

Suerte que sus dedos eran taaan flacos porque las llaves de una jaula donde estaban algunos de los chicos, se encontraban en el interior de un caño clavado en el piso y sólo él podía llegar hasta ellas.

Pronto, los recién liberados ayudaban a escapar a los demás; aunque en realidad, y entre nosotros, Dante fue el verdadero héroe de esta historia, ya que, sacando provecho de su largo cuerpo, fue el que más chicos pudo rescatar.

Cuando ya tenían en su poder la mochila azul, los intrusos se dieron cuenta de que les habían puesto una trampa. Grande fue la sorpresa cuando vieron a los chicos correr libres por la plaza. Enojados y con los ojos más grandes que nunca trataban de re-capturar a los fugitivos que por otro lado, ya   habían recuperado sus mochilas y corrían para ponerse a salvo.

De repente, en el medio del caos se oyó el grito de Virginia, que seguía atada a un viejo pino. Volvieron en busca de ella pero a pesar del esfuerzo de todos los chicos, nadie podía aflojar los nudos de la cuerda con la que estaba amarrada. Ni Lautaro con sus hábiles manos ni Valentín con su gran fuerza podían ayudarla. Fue entonces cuando a Dante se le ocurrió usar sus anteojos y quitándoselos rápidamente los usó como lupa aprovechado un potente rayo de sol y quemó la cuerda liberando a Virginia.

Ahora sí, todos los chicos huían despavoridos, cuando, a mitad de la carrera, notaron que los bichitos amarillos habían dejado de correr y volvían al centro de la plaza, juntando piedritas en sus brazos, con la mirada triste …

¿Qué estaba sucediendo? ¿Qué cosa rara había hecho cambiar de parecer a los invasores que ya no los corrían?

Todos muy juntos y muy amarillos, hacían una fila e iban guardando las piedras en la mochila de Dante. Cada vez que tomaban una piedra del suelo ésta se volvía brillante y cambiaba su forma hasta quedar alargada. Esto sí que era raro.

Dante buscó en su bolsillo y entonces entendió que los invasores sólo querían recuperar lo que era suyo. Por algún motivo desconocido las piedras habían llegado a la Tierra desde el planeta de ellos y claro, necesitaban transportarlas de alguna manera y para eso querían las mochilas de los chicos.

Tomando coraje Dante se acercó a los intrusos bajo la mirada atenta de sus compañeros y después de conversar un rato llegaron a un acuerdo: los chicos les darían sus mochilas y ellos, se disculparían por haber apresado y asustado a los niños.

En el medio de la plaza, allí donde mayor cantidad de piedras había, chicos y bichos se encontraron esta vez para hacer las pases porque claro está que “hablando se entiende la gente” (y los bichos también)…

Cuando la última piedra quedó guardada en las mochilas, todos jugaron y saltaron y corrieron y se rieron juntos. Y después, antes de que los amigos amarillos subieran a sus naves para partir hacia su planeta, todos pero todos se abrazaron para tomarse una foto como recuerdo de aquel día que sería inolvidable tanto para unos como para otros… ¿Y a que no sabés quién tuvo que agacharse un poco para salir entero en la foto?… Sí, Dante, el héroe de esta historia.

Esta entrada fue publicada en Vivencias y etiquetada , , , , . Guarda el enlace permanente.

8 respuestas a Dante, el niño gigante

  1. gonzalez guadalupe dijo:

    Es un lindo cuento felicitaciones para esa madre y por supuesto para ese hermoso heroe que va a lograr todo lo q se proponga en esta vida.

  2. yanina dijo:

    lau…me encanto…todas las mamas tienen que tener la fuerza y las ganas que le pones a la vida….te quiero amiga!!!!

  3. Maru dijo:

    Me encantó!!! Cada día te admiro más, y me doy cuenta de lo gran madraza que sos, que suerte tuvieron Dante y Male de tener una madre como vos. Te quiero un montón.

  4. Pingback: Barraquer, 1973 (I) | Mundo Marfan Latino

  5. vanesa dijo:

    amiga no sabia q habias escrito esto tan hermoso al toto. te admiro como mujer y como madre me saco el sobrero.
    dante seguramente esta orgulloso de la madre que tiene.
    te quiero tanto y te aprecio mas aun.
    excelente lau. besos vane

  6. claudia b.b. dijo:

    hola amigos que bueno estar en contacto y aprender más cosas sobre este sindrome, la verdad me alegra conocer sus experiencias para ayudar a mis 2 hijos quien lo padecen y si mi experiencia les puede ser sutil por favor no lo duden en escribir,siempre quise tener este contacto y por mi gran obligación poco entro al correo pero estare muy pendiente gracias claudia

  7. Claudia, muchas gracias por tu comentario, y por supuesto que puedes compartir tu experiencia con nosotros; como tu misma dices cada historia nos enseña algo. Cuando quieras nos escribes a blog.mundomarfan@gmail.com. Este espacio lo hacen ustedes! Un abrazo!

  8. Pingback: Un año con vosotros | Mundo Marfan Latino

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s